Etapas:

17/10/2013 Niza – Ospedaletti (76 Km). Entrada en Italia.

18/10/2013 Ospedaletti – Savona (119 Km).

19/10/2013 Savona – Prati (106 Km).

20/10/2013  Prati – Passo del Bocco (17 Km).

21/10/2013 Passo del Bocco – Pegognaga (169 Km).

22/10/2013 Pegognaga –Venecia (181 Km).

23-25/10/2013 Descanso en Venecia.

25/10/2013 Venecia – San Vito (140 Km).

Norte de Italia

Después de un día de descanso en Niza, las energías renovadas me animan a  subirme de nuevo a la bicicleta.  Me pongo en marcha al medio día y continuo ascendiendo la costa azul camino a tierras italianas. Al salir de Niza y subir un puerto de montaña, miro atrás para apreciar por última vez en el viaje la soleada costa francesa.

Finalmente llego a la frontera  italiana. Hacia 4 años que no visitaba este país que tantos recuerdos me trae de mi pletórico año de Erasmus. No tardo mucho en desempolvar mi italiano y ponerlo de nuevo en práctica. El final del día lo acabo en la playa de Ospedaletti, donde me preparo para dormir al raso. El tiempo es templado, el cielo está despejado  y lleno de estrellas. La luna llena ilumina tanto, que apenas tengo que utilizar la linterna para prepararme unos suculentos espaguetis con salchichas para cenar. Antes de dormir, me siento en la arena para contemplar la noche, escuchar el sonido de las olas y ver las estrellas. La sensación de paz y libertad es inmensa.

Imagen(Preparado para dormir al raso en la playa de Ospedaletti)

Al amanecer, el frio de la mañana boicotea mis intenciones de darme un baño en la playa. Al ponerme de nuevo en marcha, pasan las horas hasta que hago una parada en un pueblo costero para prepararme el almuerzo. Es entonces cuando un conductor de autobús,  en mitad de su descanso, se  acerco para preguntarme por el viaje que estoy realizando. Sorprendido por el proyecto, se interesa por cómo y dónde paso las noches, al contestarle que duermo en la tienda o al raso, me pregunto indignado  que si ningún italiano me había acogido, a lo cual respondí que no.  Al momento el hombre me ofreció su casa para asearme y pasar la noche, oferta que lamentablemente tuve que rechazar,  ya que su hogar hacia 30 Km que lo había pasado y la ruta me llevaba en dirección contraria. A pesar de ello le agradecí el gran gesto que tuvo conmigo, y me lleno de alegría ver como una persona totalmente desconocida se preocupó  de tal forma por mi bienestar.

La ruta me llevo a Savona, donde gracias al moderado clima costero, volví a pasar la noche al raso. El día siguiente no fue muy alentador, las continuas subidas de la carretera que avanza paralela al mar, la SS1, hicieron mella en mis piernas y mi moral, pero finalmente llegue a Chiavari, donde tome una desviación dirección Parma para atravesar el norte de Italia y dejar la costa mediterránea. Finalmente  acampe en la montaña donde pude montar la tienda, prepararme la cena  y después de un día tan duro, descansar en el que se ha convertido mi hogar.

Al despertar, por delante tenía otro puerto de montaña, el Passo del Bocco. Me pongo en marcha decidido a encarar la montaña, pero poco me duraron las buenas expectativas del día. Al llegar a la cima, después de superar un desnivel de casi 1000 metros en 17 Kilómetros de carretera, una tremenda tormenta eléctrica acompañada de un torrencial aguacero, me obligaron a buscar cobijo en el refugio situado en la montaña. Fue cuando coincidí con otros tres aventureros de la bicicleta italianos, a los cuales también les había pillado por sorpresa el temporal.

Esta situación me hizo pensar en una nueva regla:

 # 7 Cuando las cosas van mal, prepárate bien, porque siempre pueden ir a peor.

Alojado en la habitación que me asignaron en el refugio, dejo de pensar en el dinero que me  costó la tormenta, intento ser positivo y alegrarme de no estar ahí afuera. Si en esos momentos hubiera estado pedaleando o acampado, en una zona en la que el peligro de inundación y desprendimientos de tierra es constante, las consecuencias habrían sido mucho peores que castigar mi cartera. Además,  el servicio incluía una suculenta cena que contaba con primero,  segundo,  guarnición, postre, cerveza, café…mmmmmmm, se me fueron todos los males.

A la mañana siguiente, el tiempo mejoró.  Disfrute del desayuno acompañado por los ciclistas italianos, los cuales,  interesados por el viaje decidieron regalarme una braga naranja para el cuello, con el nombre de su escuela de MTB de San Remo.

Imagen(Colorado On The Road junto a tres aventureros de la bicicleta, en el Passo del Bocco)

Totalmente motivado, me subo de nuevo a la bicicleta y pongo rumbo a Venecia. Las dos próximas etapas me llevan a realizar 169 y 181 Kilómetros, pero se cobraron su precio. En el kilómetro 2001 me pegue un tremendo piñazo pedaleando por una carretera secundaria. Por suerte en ese momento, no paso ninguno de los números  coches y camiones que a lo largo del día me adelantaban sin cesar. La suerte se puso de mi lado, y lo mejor es que al final de la segunda etapa había conseguido llegar a Venecia, donde pude acampar en un parque de caravanas llamado Tronquetto. Al amanecer busque alojamiento al otro lado del puente de la libertad, para acabar encontrando un hotel de chinos situado en el barrio de Mestre, que después de mucho regatear, llegue a un acuerdo por dos noches a un precio asequible.

Los dos días que pase en Venecia me recordaron a muchos momentos de mi Erasmus en Cagliari. La primera noche tome el autobús y recorrí  la iluminada isla veneciana,  donde finalmente conocí a un grupo de estudiantes que se reunían todos los miércoles en las escaleras de la estación de trenes. Después de compartir unas cervezas con ellos, el cansancio me hizo volver al hotel antes de las 00:00, aunque la verdad es que la idea de estar hasta altas horas de la noche de fiesta, cada vez me atrae menos.

El segundo día en Venecia, lo dedique a recorrer sus calles como un turista más. Visitando el Ponte de Rialto, la Piazza San Marco y recorrer Fomenta Zattere. Lejos estuvo de mi presupuesto montar en una góndola,  pero no lo hubiera hecho aunque hubiera podido, esas cosas hay que hacerlas con pareja.

Imagen(Atardecer Veneciano)

Era hora de dejar la ciudad del amor y poner rumbo a Trieste, pero  una promesa dejo en tan bella ciudad, volver con pareja. No es lugar para visitar soltero.

La mañana en la que deje el hotel, mis intenciones iniciales eran las de pedalear  160 Kilómetros, pero algo no fue bien por el camino, y unos terribles retortijones me hicieron  parar y buscar campamento en un pueblo llamado San Vito. Apenas pude cenar un par de rebanadas de pan, algo ocurría y sabía lo que era. No hay mejor forma de explicarlo que con este cuarteto:

Ya llegó,

Ya está aquí,

La  diarrea del viajero,

Hace haciendo mella en mí.