Etapas:

16/10/2014 Ciudad Tecún Umán – Tetalhuleu (72 Km).

17/10/2014 Tetalhuleu – Santa Lucía Cotzumalguapa (86 Km).

18/10/2014 Santa Lucía Cotzumalguapa – Chiquimulilla (100 Km).

19/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

20/10/2014 Descanso en Chiquimulilla.

21/10/2014 Chuiquimulilla – San Julián (93 Km) (Entrada en El Salvador).

22/10/2014 Descanso en San Julián.

23/10/2014 San Julián – Santa Tecla (69 Km).

24/10/2014 Santa Tecla – Chamoco (92 Km).

25/10/2014 Chamoco – La Unión (101 Km).

26/10/2014 La Unión – Santa Rosa de Lima (62 Km).

27/10/2014 Santa Rosa de Lima – Choluteca (103 Km) (Entrada en Honduras).

28/10/2014 Choluteca – Somotillo (55 Km) (Entrada en Nicaragua).

29/10/2014 Somotillo – Chinadega (75 Km).

30/10/2014 Chinadega – Nagarote (84 Km).

31/10/2014 Nagarote – Managua (43 Km).

01/11/2014 Descanso en Managua.

02/11/2014 Descanso en Managua.

03/11/2014 Managua – Nandaime (78 Km).

04/11/2014 Nandaime – Santa Cruz (63 Km).

05/11/2014 Descanso en Santa Cruz.

06/11/2014 Santa Cruz – San Juan del Sur (58 Km).

07/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

08/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

09/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

10/11/2014 Descanso en San Juan del Sur.

11/11/2014 San Juan del Sur – Liberia (118 Km) (Entrada en Costa Rica).

Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua

Entrar en Centroamérica supuso un gran avance en el viaje, pero también supuso afrontar nuevos riesgos.

El temor de sufrir un asalto estuvo muy presente en mi mente los primeros días, y la seguridad con la que contaban la gran mayoría de negocios reafirmaba mi sentimiento. Gasolineras, bancos, pequeños negocios y camiones de transporte siempre permanecían bajo la atenta mirada de los guardas armados de agencias privadas de seguridad.

Guatemala sufre mas de 30 asesinatos y varios secuestros diarios, y las cifras en los próximos países centroamericanos que tenia por delante eran igualmente desalentadoras. Por lo que decidí extremar las precauciones y seguir de forma estricta una serie de normas:

  1. Pedalear solo de día y en el atardecer buscar el campamento antes de que llegue la noche.
  2. Acampar solo en propiedades privadas, seguras y con la autorización del responsable.
  3. Pedalear solo por las carreteras principales y mas transitadas.

Quizás esta angustia que viví los primeros momentos y el hecho de seguir ciertas pautas de seguridad pueda parecer una exageración, pero siempre me he dicho a mi mismo que es mejor pecar de precavido que de confiado.

Pero mis días transcurrieron con normalidad conociendo a grandes personas de buen corazón, disfrutando de su compañía y de la comida local. El único riesgo del que fui victima fueron las picaduras de mosquitos. Los zancudos estaban siempre al acecho, amenazantes y dispuestos a extraerte la sangre transmitiéndote el Dengue o la fiebre Chikungunya.

Durante mi tercer atardecer en Guatemala, avanzando por una carretera colapsada por el trafico y las obras, escuche una voz familiar llamándome: “Javieeeeeer”. Gire la cabeza de una lado a otro hasta que vi a Madison asomando la cabeza por la furgoneta de Vanajeros. Pedalee como un rayo hasta que me puse a su altura y les intente seguir el ritmo durante varios minutos, pero al final acordamos en reunirnos 20 kilómetros mas adelante para acampar.

Devoré las constantes subidas y bajadas de las colinas guatemaltecas hasta que encontré a Joel esperándome en la carretera, para guiarme al campo de football donde pasaríamos la noche todos juntos.

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(Colorado On The Road reencontrándose con Vanajeros)

Nuevamente me invitaron a cenar, a beber cerveza y me era imposible despegarme la sonrisa de la cara. Estas coincidencias entre amistades creadas a lo largo del viaje, son una de las mas impresionantes sorpresas que la aventura ofrece. Por la mañana nos despedimos bajo la promesa de reencontrarnos en Ecuador, país en el que realizaran una parada de dos meses, dándome así tiempo suficiente para llegar pedaleando con el potro.

La geografía de Centroamérica no deja lugar para distinguir las diferencias entre los países que la componen. El terreno montañoso, los volcanes, el calor, las lluvias y la humedad de la jungla eran constantes día tras día.

Salir de Guatemala fue un tramite sencillo, el visado que adquirí al entrar en este país, la C-4, tenia validez para El Salvador, Honduras y Nicaragua, lo que agilizaba mis pasos fronterizos.

En mi primera etapa en El Salvador, escale durante horas una colina interminable para alcanzar San Salvador antes de que oscureciera. En el transcurso de la jornada conocí a un cicloturista francés, Allan. Decidimos pedalear juntos hasta Santa Tecla, donde un salvadoreño registrado en couchsurfing, Ever, nos estaba esperando para hospedarnos en su casa.

Nuestra llegada fue puntual y antes de que se pusiera el sol ya habíamos alcanzado el final de la etapa, pero nuestro anfitrión aun no había salido de trabajar en la universidad donde imparte clases de ingles. Cenamos en un pequeño restaurante y pasamos un largo tiempo hablando con los curiosos chavales que jugaban en la calle.

Durante la amena espera nos tomamos una cerveza en frente de una tiendecita. No me sorprendió la forma de pagar a través de una cabina con barrotes y cristal blindado, ya me había acostumbrado a las impenetrables medidas de seguridad de cada negocio, pero si llamo mucho mi atención una conversación entre dos salvadoreños que coincidieron en la calle.

Después de saludarse e intercambiar varias cordiales palabras, se despidieron con prisa a medida que se alejaban el uno del otro, hasta que uno se dio la vuelta mientras caminaba y grito: “Oyeeee!!! Salúdame a tu zipo…”

En España utilizamos esa palabra que no he completado, para referirnos de forma vulgar al miembro viril. Estoy seguro de que a ti, escuchar a gritos la palabra “zipo..” te llamaría también la atención.

Ever no tardo en llegar y darnos la bienvenida a su hogar, nos invito a cenar unos tamales de elote y charlamos durante horas en su sala de estar. Ever me saco de mis dudas explicándome que aquella palabra que me llamo tanto la atención era utilizada en El Salvador para referirse a los niños, hijos o chavales, por lo que el señor solo mando saludos para sus hijos en aquella calurosa despedida.

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(De izquierda a derecha: Allan, Ever y Colorado On The Road)

Ever también nos hablo largo tiempo sobre la sangrienta y olvidada historia de El Salvador, de los problemas que sufre su país a causa de las Maras, de como se han hecho con casi todo el control de ciertas áreas y la impotencia que sufren sus ciudadanos. Su testimonio acaparo mis pensamientos en las etapas venideras.

El día que deje atrás San Salvador pedalee hasta el ocaso. La noche apenas llega a las 17:30 pm, lo cual me deja muy poco margen para bombear los músculos y avanzar, por lo que madrugar ya no es una opción, sino una necesidad. Una de mis formas preferidas de acampar es bien pegadito a una comisaria de policía. Podría parecer que la presencia de los turistas pueda incomodarles, pero los agentes del orden saben mejor que nadie a los peligros que nos exponemos al viajar solos, y agradecen la petición de pasar la noche bajo su tutela.

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(Colorado On The Road amaneciendo junto a una comisaría)

Mi transito por Honduras fue breve y fugaz, apenas atravesé 130 kilómetros para llegar a Nicaragua. Cuanto mas avanzaba mas se incrementaba el nivel de seguridad, pero la forma de conducir en esta zona del mundo me dejaba totalmente atónito día a día. Los alocados conductores realizaban constantemente adelantamientos invadiendo el estrecho carril contrario sin importarles lo que viniera por delante, y en mas de una ocasión tuve que salir despedido de la carretera para evitar ser arrollado.

Antes de llegar a Managua, el sol avanzó mas rápido que yo abandonándome antes de que pudiera llegar a la capital nicaragüense. Para evitar entrar en la gran ciudad en plena noche acampé en el pueblo de Nagarote, fue toda una sorpresa descubrir aquel rincón oculto, cargado de tradición y buenas energías. Sus ciudadanos no tardaron en guiarme a la plaza del ayuntamiento para que acampara en ella, bajo la atención de la seguridad privada.

En Managua pare unos días simplemente para descansar y dedicar tiempo a trabajar con el ordenador, quería reponer fuerzas para una expedición que me llevaría a surcar el Lago Nicaragua.

Una vez lo tuve todo preparado me dirigí hacia San Jorge, para embarcarme en un Ferry y alcanzar la isla de Ometepe, haciendo tierra en el Puerto Las Brisas. Nada mas tocar suelo firme pregunte en un hotel para hacerme con un mapa que llevar siempre a mano, fue entonces cuando conocí a Danny, quien me recomendó un camping de unos amigos en Santa Cruz.

Durante las primeras rodadas me quedaba constantemente pasmado viendo de cerca los dos volcanes que componen la Isla: Concepción (1610 msnm) y Maderas (1394 msnm). A causa de la niebla no pude apreciar desde el Ferry la presencia imponente del volcán Concepción, pero ahora desde su base era imposible escapar de ella.

En poco tiempo llegue a Sata Cruz en las cercanías del volcán Maderas, entré en el restaurante Malinche y Sergio, amigo de Danny, me recibió y me asigno un lugar para instalar el campamento. Dispuse todo el equipo con prisa, quería subir al Mirador del Porvenir antes de que anocheciera. Antes de emprender la ruta de senderismo, deje avisado que subiría solo y mi hora prevista de llegada, no quería ninguna sorpresa y Harold, guía local de la isla, me dio preciados consejos.

Llegado el momento me puse en marcha y rápidamente llegue al inicio del sendero. Empecé a seguir los caminos marcados por las pisadas colina arriba, aunque a menudo se cruzaban unos con otros y no tarde mucho en perderme en la selva. Seguí avanzando durante dos horas entre la maleza, el barro, el agua y el sonido de los animales. No conseguí alcanzar el mirador cuando solo me quedaba una hora de luz, por lo que decidí dar media vuelta y regresar al campamento. Perderme ya no era una opción, y poder seguir mis inigualables pisadas en el barro me ayudo a llegar a tiempo.

Por la noche le conté mi experiencia a Harol describiéndole paso a paso todo los caminos que había tomado. Nos reímos y bromeamos durante horas, e hicimos muy buena amistad. Harol tenia una ascensión a la cima del volcán programada a la mañana siguiente para guiar a una pareja de británicos, y me invito a acompañarles sin costo alguno.

A las 06:00 am salí de un salto de la tienda de campaña, tenia hambre de revancha y esta vez iría con todo hasta la cima. A las 07:00 am nos pusimos en marcha y con mayor facilidad que el día anterior, alcanzamos el Mirador del Porvenir. Después de un breve descanso contemplando el volcán Concepción, continuamos con la escalada. A medida que avanzábamos la pendiente era mas pronunciada, la humedad calaba la ropa, la densa vegetación lo abarcaba todo cubriendo los rayos del sol y durante unos breves instantes, nos acompañaron monos aulladores y monos capuchinos.

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(Mirador del Porvenir frente al volcán Concepción)

Cada paso nos acercaba mas a la cima, pero también pesaba cada vez mas y mas. El barro, los arboles caídos y las resbaladizas piedras complicaban la ascensión, a la vez que la hacían mas emocionante. Cuando alcanzamos los 1304 msnm, nos adentramos dentro del cráter descendiendo 200 metros en el interior del volcán, donde se encuentra un lago cubierto por la niebla.

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(Colorado On The Road en el lago del cráter del volcán Maderas)

Descansamos durante 30 minutos, repuse fuerzas con un bocata y me cambie la camiseta totalmente calada por una seca. Habíamos completado la primera parte de la ruta pero ahora quedaba la mas peligrosa, el descenso. Después de 6 horas escalando la ladera, las piernas se resienten perdiendo fuerza y precisión, y cuando el terreno es una pronunciada pendiente entre barro y rocas, los accidentes se suceden constantemente. Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, descendimos hasta volver de nuevo al campamento y celebrar con una buena cerveza las 10 horas de ruta por el volcán Maderas.

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(Colorado On The Road descendiendo el volcán)

La aventura en la volcánica isla supero todas mis expectativas, y ya era hora de abandonarla. Desde el puerto de Moyogalpa tome el Ferry hasta San Jorge, de ahí pedalee hasta San Juan del Sur en la costa Pacífica nicaragüense, para seguir la recomendación de un amigo y relajarme en el Naked Tiger Hostel. Durante todo un fin de semana salí de fiesta, la primera desde que coincidí con un amigo madrileño en San Francisco, por lo que no es de extrañar que la cogiera con ganas.

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(Colorado On The Road en The Naked Tiger Hostel)

Si alguna vez visitáis Nicaragua hay dos claras recomendaciones que siempre hare. Primero visitar la isla de Ometepe, y segundo hospedarse en The Naked Tiger. Muy importante seguir el orden, porque si creéis que subir al volcán Maderas es intenso, probar a desmadraros un fin de semana en San Juan del Sur.

“Cuanto mas duro sea el camino, mayor será la recompensa”

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Vídeo de la Isla Ometepe: