Etapas

13/08/2016 Moyale – Dubuluk (140 Km).

14/08/2016 Dubuluk – Soroppa (96 Km).

15/08/2016 Soroppa – Gedem (88 Km).

16/08/2016 Gedem – Dilla (96 Km).

17/08/2016 Dilla – Melka Uda (113 Km).

18/08/2016 Melka Uda – Hospital Aldea (125 Km).

19/08/2016 Hospital Aldea – Adís Abeba (120 Km).

20-21-22-23-24-25-26-27-28/08/2016 Descanso en Adís Abeba.

29/08/2016 Adís Abeba – Aleltu (71 Km).

30/08/2016 Aleltu – Debre Birhan (74 Km).

31/08/2016 Debre Birhan – Shoa Robit (92 Km).

01/09/2016 Shoa Robit – Kemse (101 Km).

02/09/2016 Kemse – Dessie (70 Km).

03/09/2016 Dessie – Mersa (88 Km).

04/09/2016 Mersa – Debot (59 Km).

05/09/2016 Debot – Orilla del río (46 Km).

06/09/2016 Orilla del río – Lalibela (32 Km).

07-08-09/09/2016 Descanso en Lalibela.

10/09/2016 Lalibela – Taja (53 Km).

11/09/2016 Taja – Nifas Mewcha (75 Km).

12/09/2016 Nifas Mewcha – Wofi (101 Km).

13/09/2016 Wofi – Maksegnit (86 Km).

14/09/2016 Maksegnit – Gondar (30 Km).

15/09/2016 Gondar – Gente (77 Km).

16/09/2016 Gente – Metema (112 Km).

Etiopía

Al cruzar el paso fronterizo de Moyale, inicié una nueva etapa en el continente adentrándome por el Cuerno de África. Las primeras sensaciones fueron de agobio, pero a fin de cuentas como en todas las fronteras. Dejé de ser “musungu” y ahora solo escuchaba cada cinco décimas de segundo “you!” o “Freinch”.

Mi primera jornada pedaleando por Etiopía me encontré con una enorme tortuga cruzando la carretera. Apenas pasaba un coche cada 30 minutos pero decidí echarla un cable y pasar un rato con ella, para no celebrar solo mi kilómetro 60.000. El camino fue tranquilo entre antílopes y babuinos hasta que la lejana distancia entre pueblo y pueblo se fue acortando, y la densidad de población aumentó.

DCIM100GOPRO

(Junto a la tortuga de los 60.000 kilómetros)

Me habían advertido de la peculiar práctica de los etíopes de recibir al ciclista extranjero a pedradas. Yo siempre pensé que todo eran exageraciones hasta que lo sufrí en mis propias carnes. Poco a poco la situación fue empeorando en mi ruta a la capital. La primera noche de acampada me subí a lo alto de una colina lejos de las miradas de un pueblo cercano, quería estar sólo. Después de cenar junto a la hoguera me fui a dormir y al poco rato comencé a escuchar el aullido de una hiena. Fue muy emocionante pensar que podría venir a olisquear mi campamento, pero finalmente no tuve ninguna sorpresa.

(Primera acampada en Etiopía)

Por la mañana inicié la jornada con un frió del carajo y un desayuno contundente en el pueblo vecino. Mientras devoraba pan con aguacate la gente era muy tranquila y más o menos educada, pero al subir de nuevo a Bucéfalo y comenzar a pedalear la pesadilla volvió.

En muchos tramos los gritos de “you, you, you!” se vuelven insoportables. La carretera está en construcción y el asfalto es intermitente. En los tramos de pista de tierra no me queda otra que andar empujando a Bucéfalo para subir las colinas. Los niños vienen a “ayudarme” empujando la bicicleta, pero enseguida noto tirones en las alforjas que me advierten de que sus verdaderas intenciones son las de robarme. Hay tramos en los que hay muchísima gente tanto en la carretera como en los laterales, y se convierten en zonas de humillación pública hacia el blanco. Mientras cientos de niños gritan “you!” a la vez que lanzan piedras y bolas de barro, hay un mayor número de jóvenes y adultos riendo a carcajada limpia. Parece que la educación por parte de los adultos hacia los jóvenes no existe cuando se trata de maltratar al extranjero.

Colorado on the road Diario Etiopía.3

(Pista de tierra a Adís Abeba)

En muchos momentos me dieron ganas de soltar la bicicleta y liarme a tortazos. La mayoría de las veces hacía un amago como si fuera a salir corriendo detrás de los chavales, y eso bastaba para que emprendieran la huida. Aunque con más de un adulto el amago no existió fui directo a por ellos y su respuesta fue siempre la misma, huir.

Curiosamente esta mala energía solo estaba presente cuando pedaleaba y era un blanco móvil. Cada vez que me detenía a comer o a buscar algún lugar para dormir la gente era amable conmigo, incluso solía acercarse alguna persona que hablaba inglés para asistirme.

Una noche me invitaron a acampar junto a una aldea. Todos vinieron a ver como montaba la tienda de campaña, una reacción a la que estoy acostumbrado en África. Entonces llamaron a una mujer que vivía a varias chozas, la señora hablaba inglés e hizo de traductora. Mantuvimos una larga conversación y todos quedaron felices con mi historia. Empecé a recoger leña para hacer una hoguera y preparar la cena, pero me invitaron a una de las chozas para que hirviera allí el agua y cocinara unos macarrones. Muchos de los niños entraron a ver como cocinaba con su hoguera. Bromeaba con ellos, les saqué más de una sonrisa y ellos también me hicieron sonreír. No dejaba de pensar lo buenos, inocentes y adorables que eran. Como era posible que a lo largo del día sintiera tanta frustración y por la noche tanto cariño. En esos momentos son cuanta más empatía siento y puedo ver la dura realidad en la que tienen que sobrevivir.

Colorado on the road Diario Etiopía.4.1

(Cocinando la cena en una pequeña aldea)

A medida que acortaba distancia con Adís Abeba el cansancio acumulado se iba haciendo cada vez más evidente. El terreno montañoso y las impracticables pistas de tierra eran los mayores obstáculos que me separaban de mi compañero. Hacía varios días que Manu había llegado a la capital etíope y me esperaba en casa de una amigo.

Mis emociones pedaleando en solitario por las zonas rurales de Etiopía fueron dominadas por el amor y el odio. No creo que alguien que este recibiendo pedradas cada vez que pedalea pueda decir que siente felicidad. Siempre tiene que haber alguna razón e intenté averiguar que motivaba esa actitud. La más obvia que encontré fue el desapego que pueden sentir por nuestra parte. Las condiciones en las que viven son desamparadoras y debe ser muy frustrante ver de pasada a un extranjero con una moderna bicicleta, viviendo sus vacaciones por uno de los países más pobres del planeta antes de volver a su casa de lujo en el primer mundo. Aunque también hay que tener en cuenta que en mi viaje he atravesado países muy pobres y en ninguno me han recibido como en Etiopía. Ahora me remito al otro sentimiento, el amor. Cada vez que paraba y se acercaban a mi, me asistían para encontrar donde dormir, me invitaban a acampar cerca de sus casa y compartían lo poco que tenían conmigo, creo que entendían que en le fondo solo soy una persona más, sencilla y vulnerable a la que pueden abrir su corazón, pero todo ese sentimiento se borraba cuando subía de nuevo a la bicicleta.

Después de 15 días pedaleando ininterrumpidamente abarcando más de 1500 kilómetros de capital a capital, llegó la hora de reunirme con Manu en Adís Abeba y darle un fuerte abrazo. Cuando nos volvimos a ver los dos llegamos a una rápida conclusión: lo bien que viajamos juntos y el buen equipo que formamos. Así que no nos cupo la menor duda de que terminaríamos el viaje codo con codo.

Bueno, que decir de nuestra estancia en Adís Abeba. Un amigo de mi cuñado, Xavi, nos recibió en su casa junto a su familia. Hacía varios años que Xavi se asentó en Etiopía como director de Coca-Cola, por lo que pasé de vivir con recursos vitales limitados a disfrutar de todas las comodidades posibles.

Colorado on the road Diario Etiopía.4.2

(En Adís Abeba junto a Xavi y Manu)

Tramitamos el visado de Sudán y Egipto, actualicé mis redes sociales, repuse fuerzas a base de comer y dormir, mandé cinco cartas a Crowdfunders y familia, salimos un par de noches de fiesta, planificamos la ruta de vuelta a casa y visitamos a Lucy, el ser humano más antiguo de la historia.

Un día todos lo etíopes estaban pendientes del televisor para no perderse la maratón de los juegos olímpicos. Feyisa Lilesa iba a cruzar la línea de meta en segundo lugar cuando se interrumpió la emisión. El maratoniano finalizó la carrera con los brazos levantados y cruzados en gesto de protesta ante la represión del gobierno hacia los Oromos. Después le ofrecieron la bandera etíope cuando estaba en el pódium y el la rechazó. Feyisa Lilesa consiguió el asilo en Brasil porque si volvía a su país lo matarían. La acción de Feyisa Lilesa fue una medida desesperada ante las acciones de su gobierno, quien autoriza a las fuerzas de seguridad a reducir manifestaciones con munición real, causando la muerte de cientos de personas inocentes que luchan por no ser expropiadas ilegalmente de sus granjas, por las mismas personas que autorizan el uso de munición real para disolver una manifestación.

Después de nueve días bajo la hospitalidad de Xavi, llegó el momento de continuar la marcha. Manu y yo volvimos a rodar por el asfalto. Nuestro objetivo era visitar las iglesias excavadas de la Libela antes de llegar a la frontera con Sudán. Por delante un largo trecho de montaña, frío y lluvia. Pensábamos que la situación con los lanzamientos de piedras se reduciría al pedalear en equipo, pero no fue así aunque compartir el estrés si que ayudó.

Pedaleamos a bastante altura y el frío con la reducción de oxigeno en el aire lo pone difícil. Las piernas responden bien aunque se fatigan con mayor rapidez. En la tercera etapa llegamos a la cima de un puerto de montaña donde nos pudimos asomar a un precipicio de 1000 metros de caída.

DCIM100GOPRO

(En la cima de la montaña)

Nos acercamos a una pequeña cantina para almorzar injera con la salsa picante de turno, y al terminar vemos como la madre de todas las tormentas se nos viene encima. Por fortuna tuvimos la opción de esperar bajo techo a que todo pasara, aun así nos pusimos los pochos de plástico por si volvía durante la larga bajada. Durante 33 kilómetros pasamos de lo alto de la montaña, del frío, la lluvia y la niebla, pasamos a un enorme valle de verdes praderas, con el sol radiante en el cielo azul y con una temperatura veraniega. Aunque por otro lado había muchos más mosquitos y con ellos el riesgo de contraer malaria.

De aquí en adelante la batalla nos quedó clara: subir y bajar puertos de montaña. Las subidas son largas y con poca pendiente, las carreteras son buena y el asfalto de calidad, así que por lo menos incita a pedalear con buena energía. Aunque yo siempre me he declinado por los desiertos, he de reconocer que los paisajes en Etiopía son otro nivel.

Colorado on the road Diario Etiopía.6

(Cruzando un valle por Etiopía, siempre rodeado de gente)

En la cima de una montaña nos encontramos con el pueblo de Karakore, donde hacemos un descanso de media mañana para comer samosas de lentejas acompañadas de un té. Acabamos en una teteria comiendo hoja de Chad. Mastiqué unas cuantas junto a unos cacahuetes para tragarlas mejor y disimular su sabor amargo. No ingerí gran cantidad por lo que no sentí los efectos de estaxis y calma que se dice que tienen, pero mi aprensión me hizo sentirme más activo de lo normal. Finalizamos el día como de costumbre, esquivando cabras, burros, ovejas y vacas por la carretera.

Cada vez los puertos de montaña son más y más duros. En cuanto rebasamos uno, descendemos y entramos en un hermoso valle que nos lleva hasta la siguiente montaña a superar. Para llegar a la ciudad de Dessie tuvimos que escalar 16 kilómetros, superando así el que fue el puerto de montaña más duro de la ruta por África. O al menos eso fue lo que deseamos.

DCIM100GOPRO

(Iniciando la subida para llegar a la ciudad de Dessie)

En la séptima etapa desde que salimos de Adís Abeba, inicié junto a Manu la larga escalada del puerto de montaña más bestia de todo el viaje en África. Después de un desayuno de injera con salsa picante, salimos de la ciudad de Mersa en un día de sol radiante. Llegar hasta la ciudad de Weldiya fue el tramo fácil, a partir de ahí comenzó el último gran reto de la vuelta al mundo frente a una montaña.

Por delante teníamos 33 kilómetros de ascensión desde los 1800 hasta los 3500 msnm, esquivando alguna piedra esporádica y conviviendo con el incesante grito de “you!” que taladra más la moral que la propia subida. El cansancio acumulado tras una semana de tira y afloja con la montaña combinado con la reducción de oxígeno en el aire a cauda de la altura, hacían que las piernas se resintieran de tal forma que andar ya no era una opción, y la idea de pedalear se hacía inviable. Movidos por la ilusión de afrontar el reto avanzamos hasta que nos agarró la noche y buscamos refugio en el pueblo de Debot, a 13 kilómetros de la cima.

Como cada noche se estaba formando una tormenta en el cielo, y sin lugar donde acampar los policías etíopes nos dejaron instalarnos en el porche de la comisaría. Uno de los policías nos invitó a cenar a su casa, y por la noche su compañero hacía la ronda junto a su AK-47 para proteger a sus huéspedes. Después del chaparrón nocturno, llegó la calma, la tranquilidad y el sonido de los grillos.

Amanecimos con la compañía de todos los policías que vinieron a despedirnos y desearnos buen viaje. Inevitablemente solo podíamos pensar en la montaña que teníamos enfrente y que tardaríamos 13 kilómetros infernales en subir hasta su cima.

Colorado on the road Diario Etiopía.8

(Amaneciendo en la comisaria con la montaña a nuestras espaldas)

Después de alcanzar dos falsas cimas psicológicamente demoledoras, de esto que crees haber visto el final de la subida a lo lejos y cuando llegas te das cuenta que continua subiendo, agotados y sin aliento conseguimos vencer a la montaña. Viendo todo el valle a mis pies me di cuenta de que el viaje estaba próximo a terminarse, por lo menos los retos estaban llegando a su fin. Pensé en como extrañamos aquello que tuvimos y que creemos que ya no está. Pero hay experiencias que se arraigan tanto en nuestro corazón que siempre nos acompañaran el resto de la vida. En ese momento supe que no echaría de menos mi vuelta al mundo, que nunca dejaría de ser Colorado On The Road y que jamás olvidaría lo que he vivido.

Por fin iniciamos la pista de tierra que nos llevaría hasta Lalibela. Después de tanto subir ahora podíamos disfrutar de una leve bajada por un camino que descendía por un enorme valle. Avanzábamos paralelos a un río incrustado entre enormes montañas. Dimos por concluido el día instalando nuestro campamento cerca de la orilla, alejados de las aldeas y los campos de cultivo, sólo queríamos silencio.

DCIM100GOPRO

(Amaneciendo en el valle)

Tuvimos un amanecer tranquilo y por fin esa noche dormiríamos en Lalibela. La pista de tierra empeoró y en muchos tramos tuvimos que hacer acopio de nuestras últimas fuerzas. Los niños que cuidan los campos de cultivo y del ganado nos dieron la tradicional bienvenida etíope: pidiendo dinero y lanzando piedras.

Después de atravesar mil colinas y un último puerto de montaña, por fin divisamos Lalibela y estallamos en un grito de euforia. Cruzamos el pueblo hasta la zona de los hostales, donde conseguimos una habitación doble a buen precio con una especie de ducha con agua caliente. Acto seguido llego la monumental cena, brindis con la cerveza de la victoria y un sueño de doce horas.

La comida en Etiopía no es mala, al contrario, se puede encontrar variedad y a buen precio. Lalibela no es una excepción y hay diversos restaurantes locales con muy buen servicio. Comiendo hasta reventar no gastábamos más de 4 euros entre Manu y yo, pero claro, hay que aceptar que hay dos menús encima de la mesa, uno en inglés y otro en amárico, todo escrito en el mismo orden pero con precios más altos para el extranjero. Son así de descarados.

Fuimos a visitar las famosas iglesias excavadas, lugar de peregrinación y culto declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1978 . Cuando llegamos al acceso, nos encontramos con un hombre que daba el alto a los turistas mientras dejaba entrar libremente a todos los etíopes. Nos guiaron a una sala en la que nos informaron que debíamos abonar 50 dólares. Lo curioso es que si llegase un afroamericano nacido en California tampoco le darían el alto en la entrada, porque solo obligan a pagar a caucásicos y asiáticos. Inicialmente el acceso era gratuito para cualquier persona, luego pasó a costar 3 dólares a los turistas, subió a 15 dólares, en mi opinión un precio razonable, y desde ese año ascendió a 50 dólares sin razón alguna. Cuando estuve visitando el Taj Mahal en la India, una de las siete maravillas del mundo, la entrada me costó 12 dólares, por lo que entiendo que la pobreza no es una excusa. Nadie sabe con seguridad a donde va destinado el dinero de Lalibela, pero si se sabe que el presupuesto de restauración y mantenimiento de las 11 Iglesias talladas en la roca procede de la Unesco y organismos extranjeros.

Después de entender el abuso económico que ejercen sobre el turista, y puesto que no deseo apoyar a un gobierno opresor que disuelve a base de balazos manifestaciones públicas en contra de sus expropiaciones ilegales, mi decisión fue la de mandarles a la mierda.

Conocimos a un guía pirata que por 20 dólares nos hizo un tour para visitar varias iglesias. Conocimos la Iglesia de San Jorge, San Gabriel, La Casa de Emmanuel y a nuestro guía, Adey, quien pudo llevar a casa 20 dólares para su mujer e hijos.

Colorado on the road Diario Etiopía.10

(Visitando las iglesias talladas en la roca de Lalibela)

Para dejar atrás Lalibela y volver al asfalto, tuvimos que pedalear 100 kilómetros de montañosas pista de tierra esquivando más de una pedrada. En una ocasión, un grupo de pastores que no rebasaban la adolescencia nos lanzaron varias piedras. Una de ellas dio a Bucéfalo, así que me detuve, dejé a mi potro apoyado en una colina y me acerqué al rebaño de vacas mientras los pastores huían. Agarré un palo y separé una de las reses varios cientos de metros del rebaño, bajo la impotente mirada de los pastores que gritaban frustradas palabras en amárico. A los chavales les duraría el susto varios días, así que finalmente dejé que el animal volviera con su grupo, no quería llevarme una vaca hasta España.

El último tramo fue muy complicado avanzar debido al espeso barro, pero conseguimos volver a la carretera para seguir afrontando la tortura psicológica de los etíopes. En las ciudades respirábamos tranquilos y sin agobios, pero pedaleando en las zonas rurales éramos el blanco de todas las pedradas, maltratos y abusos. Antes de perder por completo la cabeza intenté mostrar mi cara amable saludando a quien me gritaba, ignorando los insultos y las pedradas, hasta que un grupo de niños volvió a tirar de una de mis alforjas para quitármela, y al girarme uno de ellos me dio un latigazo en la pierna con la cuerda que utilizan para guiar a las reses. Nuevamente la conducta de los adultos fue la de reírse a carcajadas. Desde ese momento solo pude mostrar una conducta agresiva ante cualquier amenaza, aunque ya me provocaron varios brotes desde que entré en el país.

Cada mañana intentábamos empezar el día con buena energía, pero enseguida la gente acababa con nuestra paciencia que cada vez estaba más debilitada. La locura se apoderó de mi atravesando una aldea situada en la cima de una colina. Pedaleábamos en línea, Manu delante mío mientras escalábamos con lentitud una larga cuesta. Había granjas a los lados de la carretera y veíamos mucho movimiento al final de la cuesta, donde la gente se acumulaba en una parada de minibuses junto al trasiego de un pequeño mercado. Las piedras empezaron a caer desde las granjas colindantes y los gritos de “you, you, you!” empezaron a escucharse cada vez con más fuerza, mezclados con insultos y carcajadas. No era la primera vez que vivía una situación así en Etiopía, pero mi paciencia hacia muchos kilómetros que se me había agotado. Mantuvimos la compostura hasta el final de la pendiente, donde nos esperaban un grupo de jóvenes (hombres de entre 20 y 30 años), para hacerme la peor broma que podría habérseles ocurrido. No había mucho espacio en la carretera debido al gran número de personas y furgonetas, así que pasamos por un estrecho hueco. Uno de los jóvenes aprovechó para agarrar la bandera de España que siempre he llevado detrás de Bucéfalo, y antes de que me la arrebatara me detuve en seco, dejé caer a mi potro y le propiné varios golpes en la cara y el cuerpo. Todo el pueblo se me hecho encima, Manu se puso a mi lado gritando palabras en inglés totalmente fuera de si. Manu, la persona más tranquila y pacífica del mundo también había llegado a su limite. La multitud estaba claramente dividida entre los que nos querían matar, y los que se avergonzaban de sus compatriotas y les frenaban los pies. Una señora muy educada se nos acercó y nos pidió disculpas en inglés, acto seguido nos dijo que nos fuéramos. Agarramos las bicicletas y comenzamos a andar bajo los insultos de los hombres que sacaban pecho en la distancia. Volvimos a pedalear a los 100 metros sin la necesidad de esquivar una sola piedra, a nadie del pueblo le quedó ganas.

Colorado on the road Diario Etiopía.11

(Manu y yo)

Jamás le echaré en cara a ningún etíope los malos tragos que viví en su país, porque se que él no tiene la culpa y nunca generalizaré una opinión negativa.

Esa misma tarde descendimos un largo puerto de montaña, por delante teníamos kilómetros de llanura hasta la frontera. Buscando un lugar donde acampar la gente se portó fenomenal con nosotros. Nos descolocó muchísimo, todo eran saludos y sonrisas. ¿Pero que les pasa a esta gente? Nos preguntábamos. Debimos atravesar algunas zonas rurales en la montaña que se la tendrán jurada al ciclista extranjero. Terminamos acampando en una granja bajo la invitación de una familia. Nos ofrecieron cena y por la mañana compartieron el desayuno con nosotros, fueron adorables.

Todo siguió yendo tranquilo y sin altercados, pero llegando a Gondar empecé a notar algo raro en la transmisión. El buje trasero empezó a crujir y dejó de tener tracción debido a un problema con el muelle o las pestañas. No tuve más opción que empujar a Bucéfalo hasta la entrada de Gondar, donde dejamos las bicicletas en un hostal para buscar una solución a tan grave problema. Había perdido la capacidad de pedalear.

Fuimos en autobús hasta el centro y ubicamos el único taller de bicicletas. El buje trasero de Bucéfalo se lo instalé en Washington hace 44.136 kilómetros. Tanto las pestañas como el muelle tensor estaban totalmente desgastados y encontrar los repuestos específicos era totalmente imposible. Conseguimos un par de pestañas pero de otro tamaño y modelo, pero servirían. Asistí a Bucéfalo en el hostel y por la mañana nos pusimos en marcha, pero a los pocos kilómetros volví a perder la tracción. Nos detuvimos en una granja donde nos recibió una familia encantadora. El problema lo provocó el tensor que quedó totalmente desfigurado, así que fabriqué uno nuevo usando el muelle de unos alicates. Era el material perfecto: un alambre fino, resistente y con elasticidad. Durante una hora le di la forma necesaria para que tensara correctamente las pestañas y pudiéramos seguir adelante. El apaño aguantó y lo hizo muy bien.

Colorado on the road Diario Etiopía.12

(Asistiendo a Bucéfalo)

A los dos días llegamos a Metema, la ciudad fronteriza con Sudán. Había restos de vehículos calcinados en la carretera y la presencia de militares era intensa. Habíamos llegado días después de una revuelta que se saldó varios muertos. Respiramos con muchísimo alivio en el momento que cruzamos la frontera y entramos en Sudán.

Si eres un experimentado viajero y deseas cruzar Etiopía en bicicleta, solo quiero que sepas una cosa de parte de Manu y mía: “De Etiopía no te olvidas en la vida”.

DCIM100GOPRO

Vídeo hasta Adís Abeba:

Vídeo hasta la frontera con Sudán: