Etapas

10/10/2016 Descanso en Abu Simbel.

11/10/2016 Abu Simbel – Asuán (16 Km +280 Km vehículo policial)

12/10/2016 Asuán – Idfu (113 Km).

13/10/2016 Idfu – Luxor (116 Km).

14-15-16-17/10/2016Descanso en Luxor.

18/10/2016 Luxor – Dishna (100 Km).

19/10/2016 Dishna – Sohag (123 Km).

20/10/2016 Sohag – Asyut (98 Km).

21/10/2016 Asyut – Abu Qurqas (111 Km).

22/10/2016 Abu Qurqas – Beni Sue (145 Km).

23/10/2016 Beni Sue – Cairo (140 Km).

24-25-26/10/2016 Descanso en El Cairo.

27/10/2016 Cairo – Vía de servicio (70 Km).

28/10/2016 Vía de servicio – Casa abandonada (115 Km).

29/10/2016 Casa abandonada – Alejandría (58 Km).

30-31/10/2016 Descanso en Alejandría.

01-02/11/2016 Descanso en Alejandría.

03/11/2016 Tren Alejandría – El Cairo.

04/11/2016 Vuelo El Cairo – Casablanca (Entrada en Marruecos).

Egipto

Cuando obtuvimos el visado de transito para Sudán en Adís Abeba, sólo nos dieron 14 días para atravesar todo el país, algo imposible de llevar a cabo teniendo en cuenta todas las complicaciones que impone el desierto. Llegamos a la frontera con Egipto con el visado caducado por 10 días. Estábamos en un grave problema, pero contábamos con el salvavidas de la pegatina de registro que abonamos en la frontera con Etiopía y que aun estaba vigente, 40 dólares que tiene que pagar todo extranjero que entra en el país.

Cuando presentamos los pasaportes en la oficina fronteriza, se fueron pasando nuestra documentación de unos a otros hasta que llegó a las mano del hombre al mando. Revisó nuestros pasaportes, nos preguntó que tal la estancia en el país a lo que contestamos obviamente que todo maravilloso. Acto seguido nos miró con una pícara sonrisa mientras nos ponía el sello de salida. Dejamos la oficina procurando contenernos pero aun así fue evidente que rebosábamos felicidad. Creímos que el resto sería algo rutinario ya que teníamos el visado de Egipto desde Adís Abeba, pero no fue así.

Cruzamos la verja sudanesa, andamos en el limbo de los dos países y llegamos a la verja egipcia. Nos abrió un grupo de policías que nos dieron el alto. Uno de ellos hablaba muy bien ingles y nos pidió los pasaportes, los revisó y dijo: “Aquí faltan los papeles”. Tenemos el visado no necesitamos más documentos le dijimos, a lo que contestó que debíamos pagarle 40 dólares. Comencé a discutir con el policía, yo estaba seguro que no debíamos pagar nada porque en la embajada de Egipto de Adís Abeba pregunté claramente si debía abonar alguna tasa en la frontera, y me dijeron que no. Mi error fue olvidar la ley más importante de todo viajero: “Un policía fronterizo es DIOS, jamás le hinches las pelotas”. A los 5 minutos la discusión se caldeo más de la cuenta y dieron la orden de abrir la verja, nos estaban echando al limbo de las dos fronteras. No me quedó más opción que pedir perdón y ceder.

Pagamos una tasa de transporte por dos bicicletas, un permiso médico que acreditaba que estábamos sanos sin que nos viera un solo enfermero, y por supuesto la propina del policía a la que reclamó diciéndome: “A mi lo que me gusta es el dinero”.

Después de sudar la gota gorda por fin estábamos dentro de Egipto. A 38 kilómetros de la frontera subimos a un pequeño ferry para cruzar el Río Nilo y llegar a Abu Simbel. Fue un trayecto muy relajante y hermoso a la vez, hasta que llegó el pesado de turno. El ferry es gratuito para todo el mundo, pero uno de los encargados de la embarcación quería aprovechar que dos extranjeros fueran abordo. Cuando se acercó a nosotros para obligarnos a pagarle 3 dólares por barba, a mi ya no me quedaba paciencia y comencé a gritarle una y otra vez en inglés: “Soy blanco pero no soy estúpido”, junto con más de una palabrota. Todo el mundo nos empezó a mirar y al final no dejó en paz. Quien me iba a decir que la frontera en la que más complicaciones encontraría en toda la vuelta al mundo, iba a ser una de las últimas.

DCIM100GOPRO

(Atravesando el Río Nilo en el ferry)

El viaje en África estaba llegando a su fin. Después de la monumental paliza de pedalear cientos de kilómetros por el desierto de Sudán con el infernal viento en contra, nos merecíamos un respiro. Pagamos dos noches de hotel con aire acondicionado, aunque las habitaciones se caían a trozos y en la ducha había un escorpión, estábamos contentos ya que por lo menos la electricidad funcionaba.

Repusimos fuerzas comiendo y durmiendo hasta que el cuerpo decía basta, pero la segunda noche me empezó a doler mucho el estómago. Nunca me había sentido así, me entraron unos 12 ataque de vomito acompañado de diarrea, fue totalmente nuevo para mi.

Por la mañana me sentí algo más reconstruido y salimos de Abu Simbel rumbo a Asuán. Hicimos los primeros 16 kilómetros en bicicleta pero en el primer control policial nos dieron el alto. El general nos informó que por nuestra seguridad nos remolcarían los 280 kilómetros hasta Asuán.

Esperamos un par de horas hasta que llegó el coche escolta. Cuando subimos las bicicletas y el equipaje a la furgoneta pickup, no pude evitar ponerme muy nervioso junto aquellos policías armados. Se despertó en mi un viejo recuerdo. Procuré que Manu no notara lo tenso que estaba, no quería preocuparle por algo que él no había vivido. Saqué una foto con mi cámara e intenté disfrutar de un viaje tranquilo.

DCIM100GOPRO

(En el coche de la policía egipcia)

Llegamos a Asuán al atardecer y los policías nos dejaron en un hotel más o menos asequible. Mereció la pena por el aire acondicionado y la ducha, de hecho la ducha me liberó de la gran molestia estomacal que sufría, ya que mientras me bañaba encontré una garrapata cerca de mi axila, probablemente fue el regalo del asqueroso hotel de Abu Simbel. Nada más quitármela comencé asentirme mejor, quizás fue algo psicológico pero esa noche se me abrió el estomago y cené como el glotón que soy.

Paseando por el mercado de Asuán pude quedar con Fausto e Iñigo, dos cicloviajero que iniciaron su viaje en el Cairo hacía un par de semanas. Iñigo solo podía aguantar hasta Sudán, pero Fausto estaba decidido a llegar hasta Ciudad del Cabo. Alucinaron con nuestra reacción al ver el mercado y la variedad de comida que había. Fausto no sabía el reto que tenía por delante. Por la mañana nos despedimos de ellos y les regalé una birra de la victoria para que les diera suerte con el visado de Sudán, llevaban dos semanas de espera. El amuleto funcionó, y a la mañana siguiente me escribieron diciéndome que ya tenían el pasaporte en mano con el visado sudanés.

DCIM100GOPRO

(Con Fausto e Iñigo en Asuán)

Comenzamos a pedalear por Egipto y cada vez el paisaje era más alejado a lo que nos acostumbramos en el Desierto de Sudán. Todo lo que hay a orillas del Río Nilo son enormes oasis. Encontrábamos agua purificada con muchísima facilidad, la comida era variada y abundante, veíamos más gente y los núcleos urbanos eran constantes. Lo único malo es que el tráfico de vehículos era una locura, no había ley sobre el asfalto.

En Luxor pudimos descansar unos días en casa de Ali, un Warmshower que vive frente a los Colosos de Memnón. Unos días de descanso nunca vienen mal, y disfrutamos haciendo algo de turismo visitando el Templo de Luxor y el de Karnak. Egipto es un paraíso histórico, pero además era el final de mi vuelta al mundo. Me fue inevitable sentir emociones contradictorias, felicidad y tristeza mezcladas en una misma bocanada de aire.

Diario Egipto Colorado on the road.4

(Dando un mate por Wilson en el Templo de Luxor)

Cuando retomamos la marcha rumbo a El Cairo visitamos el Templo de Dendera. Éramos los únicos visitándolo y un guía gratuito nos dio un buen baño de historia durante una hora. Después nos dejamos llevar por el calor y fue una gozada tumbarse en mitad del templo, sentir el frío de la roca en la espalda y disfrutar imaginando como sería aquello en sus tiempos.

Diario Egipto Colorado on the road.5

(Templo de Dendera)

Pedalear por Egipto fue bastante fácil, todo llano y con buen viento. El único inconveniente es que por temas de seguridad la escolta policial no se despegó de nosotros desde que llegamos a Abu Simbel. Cada mañana venían a recogernos al hotel y nos seguían los 120 kilómetros que pedaleábamos cada jornada. Cuando llegaba la noche nos guiaban al siguiente hotel sin dejarnos más opción que la de pagar el hospedaje. Después éramos totalmente independientes en la ciudad, podíamos salir a dar un paseo por el mercado, a cenar y a fumar una pipa de shisha.

Un día llegamos al único hotel de la zona. Era extremadamente caro para nosotros y les preguntamos si podíamos dormir con la tienda de campaña, a lo que contestaron: “La la la la” (en árabe: no no no no). Necesitábamos dormir en algún lugar que pareciera seguro a los policías, tampoco queríamos contradecirles porque comprendíamos la importancia de su trabajo. A cada propuesta que dimos obteníamos la misma respuesta: “La la la la, hotel, hotel”. Finalmente nos guiaron a uno de los retenes policiales de la carretera, donde conversamos con el general. La única opción que vio viable fue la de dormir en el calabozo, así que nos mostraron lo que podían ser nuestros aposentos por esa noche. Un pequeño y asqueroso zulo con olor a orina, que para su sorpresa, nos pareció perfecto para ahorrarnos esa noche de hotel. Eso si, dormimos con la puerta abierta.

Conociendo como es actualmente la situación en Egipto, en especial la zona centro y sur del país, la respuesta que encontramos por parte de las autoridades fue la que esperábamos encontrar: atenta, cercana y eficaz. Gracias a todos los policías que trabajan por la seguridad de extranjeros y nacionales, pudimos disfrutar de un viaje tranquilo.

Diario Egipto Colorado on the road.6

(Junto a las autoridades egipcias)

Nuestra parte favorita de la ruta era siempre llegar a los puntos de control de la policía. Era un auténtico espectáculo cuando coincidía en una intersección de dos carreteras. El tráfico era de locos, sin orden, un caos muy parecido al de la India pero sin llegar a ese nivel. Siempre había mucho polvo en el aire, gente caminando cargando mercancía, carros hasta los topes de fruta o de cualquier cosa, los tuck tuck suicidas atravesando la carretera como si nada, el ruido del bullicio mezclado con el de los coches, la característica ropa de los hombres, las mujeres con el burka, el Río Nilo a nuestros pies y a todo esto nosotros junto a los policías armados con pistolas y AK-47 bromeando y contando historias del viaje. Eran momentos irrepetibles.

Cuando llegamos a El Cairo lo hicimos con una etapa de guerreros de 140 kilómetros. Alcanzamos la capital egipcia en plena noche y sentí lo mismo que he sentido cuando llego a una gran ciudad después de días y días pedaleando. Sentí que la ciudad estaba ahí, quieta, esperando a que llegara. Es una sensación gloriosa cuando culminas etapas de 1000 kilómetros y acabas llegando a tu destino a base de fuerza de pedal. Bucéfalo estaba pidiéndome a gritos una visita al taller, pero sabía que tendría que aguatar un poco más.

Nos hospedamos en un hostal del centro para reponer fuerzas y permitirnos un día de turismo visitando las pirámides de Guiza. Conocimos la Gran Esfinge y las tumbas de los faraones Keops, Kefrén y Micerino. En mucho puntos se podía ver la capital egipcia y no es una vista especialmente interesante, pero cuando me giraba y vía las pirámides con el desierto de fondo, comenzaba a preguntarme la cantidad de cosas que habrán pasado en ese lugar.

Diario Egipto Colorado on the road.7

(Las pirámides de Guiza)

El resto del tiempo en la capital lo pasamos comiendo hasta que nos salía la comida por las orejas, y dormitando como marmotas bajo el aire acondicionado del hostal.

Algo que aprendí observando a los egipcios, en concreto de los habitantes de El Cairo, es que los hombres solucionan todos sus conflictos a gritos y en muchas ocasiones a tortazos. Es normal ver a gente discutiendo en la calle. El día que salimos a visitar las pirámides vimos a dos hombres partirse la cara en un semáforo, no se que origino el desacuerdo pero no creo que solucionaran absolutamente nada a base de golpes. En otra ocasión mientras esperaba a que me dieran un kebab, varios individuos empezaron a discutir en una terraza y acabaron a puñetazos. Y el caso más insólito, un hombre que le había dado el alto la policía, se puso a gritar a escasos centímetros de la cara del agente sin que este hiciera nada. Es algo que me pareció inquietante.

Después de 3 días de descanso retomamos la ruta, el viaje por África aun no había terminado. Apenas nos separaban 240 kilómetros para volver a ver el mar Mediterráneo, de hecho antes de contemplarlo comenzamos a olfatearlo. El viento arrastraba ese olor que nos trasladó directamente a la infancia. Cuando llegamos a la costa de Alejandría gritamos de euforia al ver el hermoso color azul del mar que tanto amamos.

Antes si quiera de saber donde dormiríamos, tenía claro que debía hacer algo mucho más importante. Fuimos a la Estatua de Alejandro Magno a presentarle mis respetos. No era la primera vez que nos veíamos las caras, al inicio del viaje visité en Grecia la ciudad de Pella, la ciudad natal de Alejandro. Al igual que aquel conquistador, siempre he dado mucho valor y cariño a mi fiel potro, ya que sin Bucéfalo esta hazaña nunca habría sido posible. Cada vez que miraba la estatua, que tocaba a los Bucéfalos, sentía tantas cosas que tenía constantemente las emociones a flor de piel. Estaba viviendo la culminación de más de mil días de aventura por nuestro planeta.

Diario Egipto Colorado on the road.8

(En la estatua de Alejandro Magno de la ciudad de Alejandría)

Después fuimos a una tetería donde acabamos conociendo a un señor que nos ofreció alquilar una casa cerca de la costa por el mismo precio del hotel. Al parecer es algo muy común y fácil de encontrar preguntando en cualquier cafetería. Durante unos días pude avanzar mucho en el libro de mi viaje, lo había empezado a escribir y ni siquiera había llegado a casa. Pasados 4 días emprendimos la vuelta a casa.

Hacía 16.000 kilómetros que había salido de El Cabo de las Agujas, en Sudáfrica, el punto más al sur del continente, y ese día me dije que llegaría hasta Alejandría en bicicleta. Hacía 11 meses que emprendí el último gran reto de la vuelta al mundo, y ya lo había completado. Despedí los 13 países que conocí en el continente y tomé la decisión de viajar en tren a El Cairo para volar hasta Casablanca, un buen empujón para volver junto a mi familia por navidades. Me hubiera encantado plantarme en Marruecos a puro pedal, pero Libia y Argelia quedaban fuera del alcance de Bucéfalo por temas de seguridad. En vez de hacer la vuelta a casa por Europa preferí conocer Marruecos y darle alas a una loca idea que tenía en mente.

Mientras sobrevolábamos Egipto, solo podía pensar en un hecho histórico que marcó mi vida desde el momento que lo leí cuando era solo un chaval. En el año 331 a. C., Alejandro Magno conquistó Babilonia después de derrotar al rey Darío III en la batalla de Gaugamela. Entró en el palacio junto a todos sus oficiales, donde fueron recibidos por la princesa y su familia. La princesa persa presentó sus respetos a Hefestión, confundiéndolo con el rey de Macedonia. Todos los oficiales se echaron a reír, todos menos Alejandro, que se acercó a la princesa y dijo: «No os equivocáis, todos somos Alejandro».

Diario Egipto Colorado on the road.9

(Todos somos Alejandro)