Etapas:

04/12/2014 Llegada a Cartagena de Indias (Entrada en Colombia) (7 km).

05/12/2014 Cartagena – Barranquilla (130 Km).

06 -11/12/2014 Descanso en Barranquilla.

12/12/2014 Descanso en Barranquilla (37 km).

13-14/12/2014 Descanso en Cartagena.

15-17/12/2014 Descanso en Barranquilla.

18/12/2014 Barranquilla – Calamar (100 km).

19/12/2014 Calamar – Oveja (96 km).

20/12/2014 Oveja – Sahagún (93 km).

21/12/2014 Sahagún – La Apartada (123 km).

22/12/2014 La Apartada – Puerto Valdivia (118 km).

23/12/2014 Puerto Valdivia – Ventanas (36 km).

24/12/2014 Ventanas – Piedras Blancas (36 km).

25/12/2014 Piedras Blancas – Medellín (107 km).

26-27/12/2014 Descanso en Medellín.

28/12/2014 Medellín – La Garrucha (115 km).

29/12/2014 La Garrucha – Santa Rosa de Cabal (81 km).

30/12/2014 Santa Rosa de Cabal – Tuluá (135 km).

31/12/2014 Tuluá – Cali (95 km).

01-02/01/2015 Descanso en Cali.

03/01/2015 Cali – Piendamo (102 km).

04/01/2015 Piendamo – Piedrasentada (94 km).

05/01/2015 Piedrasentada – Pueblo Remolino (103 km).

06/01/2015 Pueblo Remolino – Chachagsí (50 km).

07/01/2015 Chachagsí – Pasto (41 km).

08/01/2015 Pasto – Ipiales (81 km).

09-10/01/2015 Descanso Ipiales.

Colombia

Cuando planifique mi vuelta al mundo en bicicleta, tenia mis serias dudas de si el FerryXpress que conecta Panamá con Colombia iba a ser una realidad a mi llegada a Centroamérica. Por fortuna llegué dos semanas después de su inauguración, evitándome así el estrés de embarcar en un avión a mi fiel potro.

Partiendo de Colón, hice tierra en la histórica ciudad colombiana de Cartagena de Indias. Me despedí de Oscar, el viajero argentino que llevó a bucéfalo y todo mi equipo en el interior de su furgoneta durante el trayecto en Ferry, evitándome así pagar las tasas de transporte. Llamé a Juan Pablo, un amigo colombiano de mi cuñado para que me ayudara hospedándome esa noche, y dormir mi primer día en Sudamérica bajo techo.

Mi llegada a Colombia significaba que ya había alcanzado mi media vuelta al mundo en bicicleta. Pero me había marcado la ciudad costera de Barranquilla como kilómetro cero en Sudamérica. La primera etapa pedalee 130 kilómetros a través de llanuras y pequeñas colinas, bajo un sol abrasador y unas elevadísimas condiciones de humedad. Al atardecer corone mi objetivo y experimente el único fenómeno que interrumpe a lo largo del año el intenso calor barranquillero, la lluvia. El cielo se abrió y dejó caer una tromba de agua inundando las calles, y formando fuertes ríos colina abajo atravesando la ciudad para desembocar en el río Magdalena. Nunca antes había pedaleado atravesando la corriente.

En barranquilla estaba el hotel Estelar, donde la empresa de Lucho, mi cuñado, tenia un apartamento alquilado en el que me habían autorizado a dormir hasta su llegada.

Con mi ropa sucia y desgastada, totalmente calado y lleno de barro, entre en la diáfana e inmensa recepción del lujoso hotel bajo la atenta mirada de los botones, mientras dejaba una estela a mi paso de agua y suciedad con cada pisada. Al llegar al mostrador dije el nombre de mi cuñado, me dieron la llave de la habitación y sentí que se me abrían las puertas del cielo.

Durante el fin de semana pase una horrible espera a que mi familiar volara desde Madrid hasta Colombia. Sufriendo con el buffet libre de los desayunos, dándome largas duchas de agua caliente, durmiendo en una esponjosa nube envuelto por el aire acondicionado y acostado en la cama eligiendo entre 150 canales de televisión. De vez en cuando no viene mal desconectar del salvaje viaje.

El domingo por la noche fui al aeropuerto para recibir a Lucho, era el primer familiar que veía desde que deje atrás España. Fue un momento que espere con ansia durante varios meses. A lo largo de la semana siempre encontraba un hueco en el trabajo para que comiéramos juntos y compartir todo el tiempo posible. Aunque yo tampoco estaba desatareado.

Un colombiano llamado Jorge de la Hoz me había conseguido entrevistas en los principales periódicos del país, en programas de radio y en tres programas de televisión en los que entraría en directo. Realice una marcha con mas de 300 ciclistas por todo Barranquilla junto al grupo Biela Quilla y deje a Bucéfalo en la tienda de ciclismo El Almacén Triciclo, donde me lo devolvieron completamente saneado y listo para rodar 30.000 kilómetros más.

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(Colorado On The Road en diferentes medios de comunicación en Barranquilla)

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(Colorado On The Road junto al grupo de ciclismo Biela Quilla)

Para el fin de semana mi cuñado decidió que tenia que pasar unos días en Cartagena de Indias a cuerpo de rey, a lo que no me opuse ni segundo. Pero aun quedaban mas sorpresas. Mis colegas madrileños Michael y Marta pudieron escaparse de su trabajo en Bogotá y volar hasta la costa para reencontrarnos esos días, así que el equipo ya estaba formado para quemar la noche del viernes: Juan Pablo, Lucho, Michael, Marta y yo.

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(Michael, Colorado On The Road, Marta y Lucho en Cartagena de Indias)

El sábado por la mañana nos alejamos de la historia colonial española de Cartagena, para visitar en la lancha de Juan Pablo las caribeñas islas del Rosario. Un paraíso en la tierra bebiendo cocos con ginebra, comiendo marisco en las playas de arena blanca, tomando cervezas y saltando las olas a ritmo de ACDC.

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(Visitando las Islas del Rosario)

En un momento dado mientras íbamos a toda velocidad con la lancha vimos saltar un delfín, entusiasmados nos acercamos mas para intentar apreciarlo mejor. La música estaba a todo volumen así que Michael le sugirió a Juan Pablo que la bajara, a lo que contesto: “Que va, a ellos les gusta el rock”. No hace falta decir que no volvimos a ver al delfín.

Pasamos las últimas horas del domingo conociendo la historia de Cartagena para finalmente dar por concluido un fin de semana perfecto, y volver cada uno a su vida normal. Antes de ponerme en marcha y salir de Barranquilla tenia que seguir el antiguo ritual de pasar varios días anclado al ordenador, para continuar documentando el viaje.

Después de un largo descanso, despedirme de Lucho con un eterno abrazo y devastar por ultima vez el buffet libre del hotel, emprendí mi ruta por Sudamérica. Mi siguiente objetivo seria pedalear 700 kilómetros, para superar 5000 metros de desnivel positivo y alcanzar Medellín. Los primeros 550 kilómetros supuso atravesar un océano de colinas subiendo y bajando pequeñas pendientes sin cesar, con un clima cálido por el día y agradable por las noches. Durante las primeras 5 etapas encontré descanso acampando en gasolineras 24 horas que contaban con seguridad privada, la idea de hacer acampada libre estaba totalmente descartada. Aunque el pueblo colombiano es gentil y cercano, el peligro de los robos y asaltos es una realidad. Siempre que no encontraba un lugar seguro para pasar la noche con mi fiel tienda de campaña, la mejor opción era invertir en un hospedaje y dormir tranquilo.

A la hora de reponer fuerzas la gastronomía colombiana ofrece una gran variedad, el plato por excelencia es la Bandeja. Un combinado de arroz, frijoles, ensalada, aguacate, huevo y carne a elegir (pollo, cerdo o res), acompañado de un zumo o un jugo de panela con limón, una bebida cargada de azúcar para reponer fuerzas.

Culminar mi quinta etapa desde Barranquilla supuso mi llegada a Puerto Valdivia, y con ello el inicio de la escalada por los Andes hasta llegar a Medellín. Era momento de comprender el termino “escalar como un escarabajo”, y recordar a las leyendas colombianas Lucho Herrera y Fabio Parra.

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(Escalando el primer puerto de montaña en Sudamérica)

Las estaciones en Colombia están marcadas por la altura, y durante la ascensión experimente el cambio de clima. Alcanzar los 2700 msnm supuso toparme con la niebla, el descenso de las temperaturas y la humedad. Sin darme cuenta el día 24 de Diciembre llego antes de que coronara Medellín. Sin saber donde pasaría la Navidad seguí pedaleando sin mas, hasta que en un caserío me invitaron a pasar las fiestas con la gente local.

Por la noche toda las personas de los hogares cercanos se reunieron en el caserío para repartir regalos entre los niños, comer natillas con buñuelos, beber unos tragos y bailar salsa hasta altas horas de la madrugada. Recibí tanto cariño y aprecio que durante unas horas olvide por completo extrañar a la familia, y  me deje llevar por ese momento único en la vida.

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(Pasando las navidades en un Caserío en las montañas Colombianas, presentando a los niños a Bucéfalo)

Después de 3 días afrontando las pendientes y desniveles a lo largo de 180 kilómetros, la recompensa a tan duro esfuerzo fue alcanzar Medallo donde me esperaba Luis, un colombiano que me invito a su casa para conocer la ciudad y su familia.

Medellín es una ciudad que engancha por su buen clima, el cual le ha valido el nombre de la ciudad de la eterna primavera, donde se puede disfrutar de una cultura ciclista insuperable, contemplar la ciudad desde las alturas gracias al metro cable, recargar fuerzas con una típica Bandeja Paisa y por que no decirlo, conocer a las mujeres mas hermosas de Colombia.

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(Junto a  Luis en lo alto del metro cable de Medellín)

Para salir del valle de Aburrá y dejar atrás Medallo, subí el puerto de montaña hacia la ciudad de Caldas, una vía totalmente tomada por los ciclistas. Una vez superada, ascendí por la carretera principal los últimos kilómetros hasta alcanzar los 2400 msnm, y me prepararé para una bajada impresionante con los Andes por escaparate.

La presencia militar es elevada en las carreteras del interior de Colombia. A pesar de que el país esta saliendo de una época de extrema violencia, la guerrilla aun mantiene el conflicto con el Estado. Apostados en la carretera, los militares levantan el dedo pulgar a los conductores representando el gesto “OK”, dando a entender que la carretera es segura y que están protegidos por las fuerzas del orden. La respuesta de los conductores, es hacer sonar levemente el claxon en muestra de agradecimiento.

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(Junto a un militar colombiano en un puesto de carretera)

Hasta Santa Rosa De Cabal es una ascensión progresiva por el eje cafetero colombiano. Una vez alcanzada nuevamente la cima fue hora de recibir al Valle del Cauca, atravesando colina abajo la ciudad de Pereira. El final de los 430 kilómetros que separan Medellín de Cali, fueron 200 kilómetros de llanura pedaleando bajo el sol con un clima inmejorable.

Esta vez si pude seguir fielmente mi itinerario y llegar a la ciudad de Cali el 31 de Diciembre por la tarde, y poder llegar a tiempo para aceptar la invitación de Luz de despedir el año junto a su familia. Estaba viviendo las segundas navidades del viaje, pero realmente eran las primeras ya que hacia justo un año estaba en Irán, donde no hay navidad.

Después de una buena ducha y de ponerme mi ropa mas “elegante”, disfruté de una deliciosa cena junto a una gran familia colombiana, me comí las 12 uvas pero sin mis campanadas de la Puerta del Sol y descubrí una tradición que me encanto, el año viejo. Una vez pasa la media noche y comenzado el nuevo año, prendieron fuego a un muñeco vestido con ropa, relleno de paja y pólvora, simbolizando al año viejo que se marcha.

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(Colorado y Luz en la cena de año viejo)

A la mañana siguiente nos acercamos por la tarde a visitar a mas familiares de Luz a una zona mas humilde de la ciudad. En Colombia se han marcado los estatus sociales  según los ingresos mensuales de cada persona, agrupados en 7 estratos. Los estratos 1 y 2 son las personas mas humildes, del 3 al 5 son las personas de clase media y por último los estratos 6 y 7 son las clases altas.

El 1 de Enero Luz me llevo a conocer a sus abuelos quienes vivían en un barrio de estrato 2,  donde estaban en plena fiesta. El agua volaba de lado a lado de la calle, la gente se lanzaba espuma y una boca de incendios abierta proyectaba un enorme chorro de agua a presión. Después de conocer a los encantadores abuelos de Luz y de tomarme un Sancocho, una sopa típica colombiana, me lancé de lleno a la fiesta del agua y a luchar contra la fuerza del agua de la boca de incendios. Estaba recibiendo el año en pleno verano, jugando como un niño pequeño y arropado por las personas mas humildes y felices de un barrio de Cali.

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(Fiesta del agua en las calles de Cali el 1 de Enero)

Antes de partir recibí un mensaje de Manuel Sarmiento, distribuidor oficial en Colombia de la firma Kenda y Venzo. Manuel se ofreció a darme un tour por toda la ciudad y a llevarme a conocer el Cristo Rey situado en lo alto de un mirador, el cual, es una replica a escala del Cristo Redentor de Rio de Janeiro. Después de un largo día de turismo Manuel remato la faena con unas gafas Venzo nuevas para sustituir las rayadas lentes que utilice hasta el momento, y un par de cubiertas Kenda para olvidarme durante varios meses del mantenimiento de las ruedas, además de varios obsequios como cámaras, parches y camisetas. Todo un impulso para continuar el proyecto. La mañana que deje atrás Cali fui acompañado por el grupo de ciclistas Piernas Locas Team hasta 20 kilómetros a las afueras para despedirme.

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(Colorado On The Road junto al Cristo Rey de Cali)

Es difícil muchas veces seguir avanzando sin mirar atrás, pero todo el apoyo que recibo por el camino me tiene que dar fuerzas para mirar al frente con mas energías. Por delante tenia el tramo mas complicado para finalizar mi tour por Colombia, en apenas 470 kilómetros superé 8200 metros de desnivel positivo. Mi llegada a la fría ciudad de Pasto significó encarar el último esfuerzo para llegar a la ciudad fronteriza de Ipiales. Mi última etapa transcurrió en las alturas contemplando los mas impresionantes cañones de Colombia, atravesando caídas de agua de mas de 20 metros y observando los ríos descendiendo entre las montañas.

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(Pedaleando en los Andes Colombianos)

En Ipiales me esperaba Luis, amante de la bicicleta y gran follower del proyecto Colorado On The Road. Esta vez la parada fue mas breve, pero igual de crucial para reponer fuerzas. Ya estaba con la frontera de Ecuador a menos de 2 kilómetros y era momento de prepararse para enfrentar los nuevos retos de mi segundo país en Sudamérica, pero el país numero 28 del viaje.

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(Colorado On The Road junto a Luis y su hijo en Ipiales)

En apenas un mes experimente cuatro estaciones, el verano en Cartagena y Barranquilla, la primavera en Medellín y Cali, el otoño en Pasto y el invierno en Ipiales. Desperté el “escarabajo” que llevo dentro escalando 13.050 metros de desnivel positivo a lo largo de 1725 kilómetros. Colombia es un país en el que viví la bondad y alegría de su gente, el cual me pareció mas seguro de lo que dicen las malas lenguas, siempre y cuando respetes la regla mas importante:

“No des papaya”

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(No des papaya papito)

Vídeo Islas del Rosario:

Vídeo de las etapas desde Barranquilla hasta Medellín:

Vídeo de las etapas desde Medellín hasta Cali:

Prensa Colombiana, El Heraldo:

Prensa Colombiana, La Tribuna (1° Parte):

Prensa Colombiana, La Tribuna (2° Parte):

Prensa Colombiana, Collage: