¡Bucéfalo! El caballo más formidable de todos los tiempos.

 

 

Filipo, rey de Macedonia, quería comprar un caballo salvaje de hermosa estampa, pero ninguno de sus aguerridos jinetes era capaz de domarlo. Su hijo Alejandro, encaprichado con el animal, quiso tener su oportunidad de montarlo, aunque su padre no creía que un muchacho triunfara donde los más veteranos habían fracasado. Ante el asombro de todos, el futuro conquistador de Persia subió a lomos del que sería su amigo inseparable durante muchos años, Bucéfalo, y galopó sobre él con inexplicable facilidad. El Oráculo de Delfos le dijo a Filipo que aquel que pudiera montar a Bucéfalo y cruzar la ciudad de Pela sería rey de todo el mundo habitado.

Antes de iniciar el viaje tenía claro que mi bicicleta se llamaría Bucéfalo, para hacer honor al que fue su jinete hace 2300 años, Alejandro Magno. Desde pequeño he crecido fascinado ante la determinación del conquistador más grande de la historia.

La idea de bautizar a mi bicicleta con un nombre que está ligado a la imagen de una persona que admiro, es simplemente para dejar de tratarla como una bicicleta. El frío metal cobra vida y se transforma en el fiel compañero que todo cicloviajero necesita, en un aliado en el que apoyarse en los momentos difíciles y en el amigo con el que compartir la felicidad de la aventura.

Son muchos los kilómetros que hemos avanzado, miles de retos que hemos superado y cientos las tormentas que no nos han detenido. Para mí, el verdadero protagonista de esta aventura, es y será por siempre Bucéfalo!